jueves, 17 de julio de 2008

POEMA DE LA AFIRMACIÓN DE MÍ MISMO


También por mí la máquina del mundo
que el soplo mueve por entre el vacío,
también por mí la máquina del mundo
tu voz conmueve.

También por mí derrítense los ríos
al desfogado amor de la pendiente,
y el ánfora del mar subsiste intacta
sobre tu mente.

También por mí la rueca de los días
hila la lluvia que cobija al campo
y enlánanse por gracia los corderos
de tu rebaño.

También por mí la nieve baja al mundo
en místico ideal descendimiento
y hasta el silencio ¡ay! quédase mudo
ante el suceso.

También por mí la cuerna de la luna
anuncia el reino de las noches blancas
en que habrá de apartar tu mano el trigo de la cizaña.


También por mí la llama se enardece
se inspira el viento y se emociona el agua,
y el cielo con la tierra se desposa
bajo tus alas.

También por mí la madre mece al niño
al son materno de la Vía Láctea,
y el sabio se desvela con el himno
de las galaxias.

También por mí se agracian las mujeres
robando a los jardines la substancia,
y es rosada su piel y rojo el humus
de sus entrañas.

También por mí y el sol el fruto estalla
de puro contener la tierra el verbo,
y aquel que lo asimila más se arraiga
en su silencio.

También por mí Señor tú me creaste
desde el íntimo fuego de tu palma,
y horneaste con tu aliento la alba arcilla
de mi mirada.





También por mí moldeaste mis potencias
me forjaste el amor y la templanza,
y en la lúcida llama de mi lengua
me diste el habla.

También por mí Señor dimana el verso
del cántaro sutil de la palabra,
y el águila del genio señorea
si cierne el ala.

Que no haya recibido mi alma en vano
ni mi cuerpo, mi espíritu y tu gracia,
también por mí Señor has caminado
sobre las aguas.
*

SONETO DEL QUE DESESPERA


Tú no vendrás... tampoco vendrá ella...
Ni mi Señor ni la mujer que amo
vendrán a mí siguiendo alguna estrella
hasta el hueco pesebre de mis manos.

Un Herodes fatal ha degollado
(sentado del Señor a su siniestra)
al niño que soñó con cielo y nardos
tendido de su amor en las praderas.

Y en torno de mi cuerpo una maleza
se alzó con la violencia de sus cardos,
y hoy vago en la espesura de una selva.

Por eso es que en la hora de los astros
la voz de Dios confundo con mis pasos...
los lazos de mi amada con mis venas.


*